sofia poblete escalando en el puente del alamillo

Escalada urbana en Andalucia, España

Hay un gesto en la escalada que siempre me llamó la atención: el del equipador de la vía.

Cuando alguien equipa una vía, entrega algo a la comunidad. Piensa en la seguridad, invierte en el material y dedica bastante tiempo para dejarla lista. La siguiente persona solo tiene que llegar y escalar. Sin pagar, sin pedir. Todo equipador es, de alguna forma, un donante. Es una cultura que atraviesa fronteras.

En España, esto gana escala y se extiende al espacio urbano. Aquí, la escalada es más que deporte: es parte de la ciudad.

En distintas regiones del país, el hormigón se convierte en pared. Bajo puentes, en viaductos y en zonas olvidadas, los escaladores transforman estructuras urbanas en sectores abiertos, gratuitos y comunitarios.

En Madrid está el Planetario, uno de los más conocidos: decenas de vías al aire libre, todas equipadas, listas para quien quiera llegar y subir. Sin tornos, sin gimnasio, sin ritual. Solo cuerpo y pared.

Rocódromo del Planetario, Madrid — En pleno barrio de Arganzuela, uno de los sectores urbanos más clásicos de la ciudad.

Estos espacios dicen mucho sobre la forma de escalar por aquí: accesible, comunitaria, viva. Una escalada que no se limita al monte y encuentra huecos dentro de la ciudad.

Puente del Alamillo: escalada bajo arquitectura

Sofía en la Puente del Alamillo, con el cargo de Patropi.

Aquí en Sevilla hay uno de esos lugares que se quedan en la memoria. La Puente del Alamillo, proyecto de Calatrava, es un puente moderno y enorme, con una arquitectura que genera negativos brutales. De un lado, el brutalismo del hormigón; del otro, la ligereza del cuerpo en movimiento.

Bajo la estructura, entre columnas y sombra, vive un sector improvisado y cinematográfico.

La luz entra por los recortes de la estructura y proyecta dibujos en las paredes. Mientras escalas, el sonido de los coches arriba se vuelve un ritmo constante, casi un pulso. Es escalada urbana al límite: sombra, ruido, negativo duro.

Llevamos el Pantalón Cargo Patropi para probarlo allí. Acompañó bien, con movilidad donde importa, sin nada de sobra. Y el escenario regaló fotos potentes.

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Escalar es una forma de ocupar el espacio con el cuerpo, sea en la montaña, en un muro, en una fisura o en un puente.

También es una manera de reimaginar la ciudad: más viva, más colectiva, más nuestra.

Y si algún día pasas por Sevilla, vale la pena llevar los gatos. Debajo de la Puente del Alamillo hay vía esperándote.

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