Escalada urbana en Andalucia, España
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Hay un gesto en la escalada que siempre me llamó la atención: el del equipador de la vía.
Cuando alguien equipa una vía, entrega algo a la comunidad. Piensa en la seguridad, invierte en el material y dedica bastante tiempo para dejarla lista. La siguiente persona solo tiene que llegar y escalar. Sin pagar, sin pedir. Todo equipador es, de alguna forma, un donante. Es una cultura que atraviesa fronteras.
En España, esto gana escala y se extiende al espacio urbano. Aquí, la escalada es más que deporte: es parte de la ciudad.
En distintas regiones del país, el hormigón se convierte en pared. Bajo puentes, en viaductos y en zonas olvidadas, los escaladores transforman estructuras urbanas en sectores abiertos, gratuitos y comunitarios.
En Madrid está el Planetario, uno de los más conocidos: decenas de vías al aire libre, todas equipadas, listas para quien quiera llegar y subir. Sin tornos, sin gimnasio, sin ritual. Solo cuerpo y pared.
Rocódromo del Planetario, Madrid — En pleno barrio de Arganzuela, uno de los sectores urbanos más clásicos de la ciudad.
Estos espacios dicen mucho sobre la forma de escalar por aquí: accesible, comunitaria, viva. Una escalada que no se limita al monte y encuentra huecos dentro de la ciudad.
Puente del Alamillo: escalada bajo arquitectura
Aquí en Sevilla hay uno de esos lugares que se quedan en la memoria. La Puente del Alamillo, proyecto de Calatrava, es un puente moderno y enorme, con una arquitectura que genera negativos brutales. De un lado, el brutalismo del hormigón; del otro, la ligereza del cuerpo en movimiento.
Bajo la estructura, entre columnas y sombra, vive un sector improvisado y cinematográfico.
La luz entra por los recortes de la estructura y proyecta dibujos en las paredes. Mientras escalas, el sonido de los coches arriba se vuelve un ritmo constante, casi un pulso. Es escalada urbana al límite: sombra, ruido, negativo duro.
Llevamos el Pantalón Cargo Patropi para probarlo allí. Acompañó bien, con movilidad donde importa, sin nada de sobra. Y el escenario regaló fotos potentes.



Escalar es una forma de ocupar el espacio con el cuerpo, sea en la montaña, en un muro, en una fisura o en un puente.
También es una manera de reimaginar la ciudad: más viva, más colectiva, más nuestra.
Y si algún día pasas por Sevilla, vale la pena llevar los gatos. Debajo de la Puente del Alamillo hay vía esperándote.